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Mi vida en un Curriculum ...

Nací el 31 de agosto de 1991 en la hermosa isla griega de Zakynthos, aunque crecí en una pequeña ciudad llamada Atalanti. En 2008, me mudé a Atenas con mi mamá para comenzar a perseguir mis sueños.

Ese mismo año fui seleccionada para el certamen Miss Young Grecia, y en 2009 participé en el programa “Next Top Model”. Un año después, gracias a una invitación de mi amiga Ioanna —a quien conocí en el show—, viajé por primera vez fuera de Grecia para trabajar como modelo en Estambul, Turquía. Allí inicié mi carrera profesional en campañas y comerciales, pero algo dentro de mí sentía que aún no estaba completa.

 

En 2013, una compañera me habló de su experiencia en México como modelo. Me dijo: “Tú que amas los idiomas, ¿te imaginas aprender español y un día actuar en las novelas que veías de niña?”. Sin pensarlo, le pedí que enviara mis fotos. Semanas después, llegué a México, y desde el primer momento sentí que este país sería mi hogar.

Tras varios proyectos en publicidad, me atreví a descubrir mi verdadera vocación: la actuación. Aunque solo hablaba griego e inglés, decidí quedarme y apostarlo todo por un sueño que parecía imposible. En 2014, dejé el modelaje y comencé a estudiar español por mi cuenta. Un día, una amiga me habló del CEA de Televisa, y supe que era la oportunidad que estaba buscando. Me preparé intensamente y logré quedar seleccionada en el casting.

El CEA fue una experiencia transformadora. Durante tres años me formé con grandes maestros y compañeros que se volvieron familia. Antes de graduarme en 2016, ya había participado en mis primeras series: Sincronía y Run Coyote Run.

 

Sin embargo, después de esa primera ola de trabajo vino la pausa. Casi dos años sin proyectos. Fue un momento difícil, pero también una gran oportunidad: me acerqué a la música, y sobre todo, comencé un profundo camino de autoconocimiento. Libros de psicología, coaching y espiritualidad me ayudaron a reconectar conmigo. Aprendí a soltar expectativas y a confiar.

 

Poco después, sonó el teléfono. Y con esa llamada, mi historia volvió a tomar vuelo… 

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Y así, un día me encontré grabando mi primer proyecto internacional : El Dragón.

Ese maravilloso proyecto me permitió conectar con un público más amplio y por fin mi familia en Grecia pudo ver mi trabajo... con subtítulos.                                          

Poco después, comencé a grabar El Señor de los Cielos, una producción de Telemundo, interpretando a “Dalila”, un personaje que me marcó positivamente y me permitió crecer como actriz durante las

temporadas 7,8, 9 & 10.

Durante la pandemia, mientras el mundo se detenía, decidí avanzar: me formé y me gradué como Coach Ontológico , con más de 150 horas de practica.

Fue un proceso que transformó profundamente mi vida y fortaleció mi vocación de servicio y autoconocimiento.

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​​​​​​​​​Recuerdo cómo en la pandemia veía la serie de “La Reina Del Sur”

en Netflix soñando con algún día poder estar ahí. Tiempo después,

mi manager Joe Bonilla me envió un correo titulado:  “Casting para La Reina del Sur 3”. Preparé mi audición con todo el corazón y así, llena de emoción, viajé por primera vez a Colombia para integrarme al elenco. Se imaginarán mi emoción…

Al regresar a México, interpreté a Verónica en “Mi fortuna es amarte” , bajo la gran producción de Nicandro Díaz. Este fue un proyecto muy especial para mí: marcó mi primera participación en una telenovela de este género, en el horario estelar de Las Estrellas. La historia conectó profundamente con el público, logrando

una audiencia de 5.2 millones de espectadores en su último capítulo y posicionándose como la telenovela

más vista de los últimos años.

​​​​​​​Después llegó La Madrastra, un remake donde interpreté a Paula, una villana con matices complejos y profundos.

Estar en ese horario estelar con grandes estrellas de las telenovelas, 10 años después de haber llegado a México, fue un gran sueño cumplido. No podía dejar de maravillarme ante la ironía del destino: trabajar con actores a quienes admiraba desde mi infancia en Grecia y ahora hablando con ellos en español. 

 

Con ganas de seguir creciendo y sanando, tomé un curso intensivo en Estados Unidos: Emotional Intelligence

& Leadership – ALA , una experiencia que me cambió la vida. A partir de ahí, me comprometí con dos metas fundamentales: comprar mi primer hogar y sanar heridas emocionales del pasado. Unas semanas después, mi primera meta se cumplió y empecé por fin a diseñar mi primer departamento tal como lo había soñado y desarrollé un gran amor por el diseño de interiores y decoración ...

 

Tras concluir la temporada 8 de El Señor de los Cielos en el 2023 salí de vacaciones y entendí que ya había llegado el momento de poner atención a mi salud y autocuidado, algo no estaba bien pero no sabia que.  

Ese mismo año, filmé mi primer largometraje, Chico conoce a Chica, que estrenó en 2025 por HBO Max

y posteriormente protagonicé El Regreso, una película rodada en República Dominicana.

También tuve unas mini vacaciones a mi tierra natal, Grecia, después de seis años, reconectando con

mis raíces, mi familia, mis amigos, la comida y la música que siempre han sido parte esencial de mí.

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Durante la filmación empecé a enfrentar desequilibrios hormonales, al finalizar el proyecto , tras muchos estudios y doctores que solo me querían medicar con más hormonas y tapar el problema en lugar de ayudarme a sanar naturalmente, decidí tomar mi salud en mis manos, y después de mucha investigación, libros y diferentes prácticas de relajación pude mejorar con los meses. 

Fue un cambio drástico y doloroso pero sabia que a largo plazo me iba a llevar a un gran crecimiento.

Tuve que cambiar mi alimentación por completo, eliminando toxinas, gluten, cafeína, lácteos, azúcar y alimentos procesados. En ese proceso por primera vez desarrollé un amor profundo por la cocina y aprendí a cocinar de manera consciente y a cuidar mi salud con amor y compasión. Pasé de no poder cuidar ni una sola planta a tener más de 25 y a cultivar mis propios jitomatitos. Cultivar me enseñó a crecer con paciencia, amor y constancia.” Sentí que por fin estaba conectada con mi energía femenina.

Hoy, el amor propio y el bienestar ya no son un cliché, sino una forma de vivir que quiero compartir con el mundo.

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Durante el 2024, mientras me enfocaba en sanar profundamente mi salud física, emocional y espiritual, también formé parte de proyectos que me dejaron un gran aprendizaje actoral y personal. Filmé la novena y última temporada de El Señor de los Cielos, una serie que me ha acompañado durante varios años y que marcó un cierre significativo en mi carrera. Unos meses después grabé la novela Mi Amor Sin Tiempo, producción de Televisa, interpretando a Carla . Los que me conocen saben el amor que le tengo a la comedia y las ganas que he tenido los últimos años de entrar en ese genero.

Y se logró ese verano con mi participación especial en "40 y 20" cap5 Campamentos para refugiados. 

Al finalizar estos proyectos, celebré mi cumpleaños de una manera muy divertida viendo stand up comedy que tanto amo a lado de mi familia elegida en Mexico.

 

Y luego me regalé las vacaciones más esperadas de mi vida. Sabía que aún me faltaban respuestas, y también sabía que el único lugar donde podía encontrarlas era donde todo comenzó: Grecia. Con certeza puedo decir que fue el viaje más profundo y transformador que he hecho a mi tierra desde que salí en 2013.

 

Me reencontré con mis raíces, con mi historia, con el mar, con mi niña interior… sané heridas del pasado, me reconecté con mi familia como nunca antes, y también viajé a Londres para ver a mi padre después de muchos años que por cosas de la vida no se había podido. Ese reencuentro fue mágico y muy necesario.

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Regresé a México y directamente fui a realizarme mis estudios hormonales. Durante un ultrasonido recibí un diagnóstico que cambió por completo el rumbo de mi vida: un quiste hemorrágico, síndrome de ovario poliquístico y endometriosis. Por fin entendimos el origen de muchos de los síntomas tan dolorosos que llevaba meses sintiendo.

La primera recomendación de mi doctora fue una cirugía inmediata. Decidí darme un tiempo para entender lo que estaba viviendo, buscar otras opiniones y explorar primero todas las alternativas naturales antes de tomar una decisión tan importante.

Los análisis CA- 19 mostraron marcadores elevados (antígenos de cancer) había un alto nivel de inflamación en mi cuerpo. Ya no podía seguir ignorando la realidad. Mi cuerpo llevaba años pidiéndome ayuda, pero los anticonceptivos habían silenciado los síntomas, mientras la raíz del problema avanzaba en silencio.

Comencé a refugiarme cada fin de semana en la naturaleza. Descubrí el grounding, profundicé en la meditación, hacía journaling, mejoré aún más mi alimentación y empecé a explorar diferentes terapias complementarias. Con el apoyo de mi familia, mis amigos y mi terapeuta, inicié una búsqueda profunda para comprender el origen de todo lo que estaba viviendo.

En terapia encontramos una posible explicación. Años atrás, durante mi adaptación a un nuevo país, mientras aprendía un idioma, estudiaba una nueva profesión, vivía sola con una beca y enfrentaba una enorme incertidumbre sobre mi futuro, mi cuerpo había acumulado demasiado estrés por tanta exigencia, mala alimentación, poca hidratación y muy pocas horas de sueño. Con el tiempo, todo aquello terminó manifestándose físicamente.

 

Por primera vez sentí la necesidad de cambiar de vida. La ciudad, la contaminación, las largas horas de tráfico y el ritmo acelerado dejaron de sentirse compatibles con la persona en la que me estaba convirtiendo.

En enero de 2025 viajé a Colombia para grabar La Hija del Mariachi, un proyecto del que me siento profundamente orgullosa y que hoy forma parte de Netflix en Latinoamérica, España y otros países. Sin embargo, mientras filmaba, recibí noticias de que Patroklos, mi primer gatito que me convirtió en mamá gatuna, el amor de mi vida, estaba empeorando cada día.

Viví aquellas semanas con el corazón dividido entre el set y mi hogar en México. Su estado se agravó hasta ser hospitalizado y tuve que despedirme de él por videollamada. Pedí adelantar mis llamados para regresar cuanto antes a México, pero mientras abordaba el avión recibí la llamada que jamás olvidaré: Patroklos había fallecido…

Su partida marcó uno de los momentos más dolorosos de mi vida. Recuerdo que les decía a todos a mi alrededor que yo no iba a poder con esto. Lo enterré en el bosque, en un lugar lleno de paz. Poco después renté mi departamento, vendí gran parte de mis pertenencias y me mudé  allá con mis otros dos gatitos a una cabaña rodeada de naturaleza. Sentía que lo había perdido todo, pero al mismo tiempo comenzaba a encontrarme a mí. Poco tiempo después apareció en mi vida un Diplomado en Tanatología y Consejería en Duelo de la Universidad Anáhuac e ITEDU. Mi terapeuta también era profesor del programa y, desde el momento en que perdí a mi bebé, supe que ese camino podía ayudarme a salir adelante.

Entre montañas, ríos y caminatas diarias aprendí a vivir mi duelo con presencia. Volví a conectar con la sencillez, con mi infancia, con mis raíces y con la forma de vida con la que crecí en Grecia. Dejé de maquillarme, de esconderme detrás de expectativas y me permití detenerme por primera vez en muchos años. Sabía que necesitaba regalarme un tiempo para sanar mi cuerpo, cuidar mi salud mental y reconstruirme desde un lugar mucho más auténtico.

Durante más de un año estudié la muerte, el duelo y las herramientas para acompañar a personas en algunos de los momentos más difíciles de sus vidas. Paradójicamente, mientras aprendía a sostener el dolor de otros, también empezaba a encontrar la manera de sostener el mío y sanar heridas del pasado que llevaba años sin atender. Poco a poco, la esperanza comenzó a regresar y volví a encontrar un profundo sentido de vida y redescubrí mi propósito.

Al mismo tiempo inicié un regreso hacia mí. Quise volver a encontrar a la niña que había dejado atrás entre personajes, expectativas y la búsqueda constante del éxito profesional. Volví a mi color natural de cabello, eliminé los productos químicos de mi rutina y adopté un estilo de vida simple y conectado con la naturaleza.

Mi cuerpo comenzó a responder. La inflamación disminuyó naturalmente y, en los estudios posteriores, el quiste permanecía estable. Con nuevas opiniones médicas comprendí que la cirugía podía esperar si seguía cuidando mi salud de forma integral. Entendí que, en gran medida, mi bienestar dependía de cómo decidiera vivir cada día. 

Cuando sentía que empezaba a recuperar fuerzas, la vida volvió a ponerme a prueba.

Unos meses después, mientras vivíamos con mi pareja en medio del bosque, uno de los perros del rancho logró entrar a la casa y mató a mis dos gatitos. En menos de un año había perdido a mis tres compañeros de vida.

Este duelo fue diferente. Ya no era solo tristeza; era una profunda frustración, una sensación de injusticia y muchas preguntas para las que no encontraba respuesta.

 

 

 

 

Cada clase me ofrecía herramientas para comprender el dolor, encontrar sentido y seguir avanzando, aunque muchas veces el corazón siguiera roto. Graduarme como tanatóloga en un momento como ese se convirtió en mi mayor sostén.Gracias al apoyo incondicional de mi pareja, mi familia, mis amigos y mis maestros logré atravesar uno de los periodos más difíciles de mi vida. Durante muchos meses no podía imaginarme actuando otra vez ni regresando a la ciudad a la vida que tenía antes. Unos meses después mi pareja me regaló unas cabritas que me llenaron de alegría mientras sanaba y me acompañaban todo el día por el bosque. Esta vida tranquila me empezó a gustar tanto, y me ayudó a recordar que este sueño era el único sueño que era mío y no impuesto por alguien más. De niña mis memorias mas felices siempre fueron en la naturaleza, a lado de un río o acampando. Y poco a poco en mi mente se estaba creando una nueva meta. Un día tener mi propia granja con muchos animales, cultivando mi comida y viviendo una vida tranquila sin prisas. Mientras tanto, me dediqué a escribir mi libro, desarrollar mis proyectos personales, preparar mi podcast y continuar acompañando personas a través de mis sesiones de coaching online.Ese mismo año fui invitada al Festival Internacional de Cine de Ecuador para compartir una charla con jóvenes estudiantes de cine y actuación. Acompañar e inspirar a la nueva generación de artistas también terminó inspirándome a mí. Regresé con una renovada ilusión, con la certeza de que aún tenía muchas historias por contar y con el deseo profundo de volver a crear.

 

Hasta que, meses después, llegó una oportunidad inesperada.

Me ofrecieron formar parte de Qué desastre de función (Noises Off, de Michael Frayn), una de las comedias más exitosas de Broadway. Hacía casi diez años que no pisaba un escenario teatral. Desde la primera función recordé por qué había elegido esta profesión. Escuchar al público reír volvió a darle sentido a todo. Recordé que, desde niña, siempre había querido regalar alegría, hacer sonreír a las personas y recordarles, aunque fuera por un instante, que la vida también puede ser ligera.

Poco después recibí otra noticia que cerraba un círculo muy importante. Regresaría para la décima y última temporada de El Señor de los Cielos, una producción que me ha acompañado desde 2019 y con la que crecí junto al personaje de Dalila.

 

Para regresar a trabajar también tuve que volver a mi departamento después de casi un año de ausencia. Lo amueblé nuevamente desde cero, esta vez enfrentando el enorme vacío que habían dejado mis gatitos. El hogar que un día había representado uno de mis mayores sueños cumplidos ya no se sentía igual. Trabajé sin descanso entre las grabaciones y el teatro mientras reconstruía, poco a poco, mi vida.

Con el tiempo comprendí que aquel capítulo había llegado a su fin. Ese departamento ya no representaba el futuro que imaginaba para mí. Había llegado el momento de cerrar un ciclo, venderlo y abrirme, una vez más, a una nueva etapa… 

Hoy miro hacia atrás y me doy cuenta de que los momentos más difíciles de mi vida fueron también los que más profundamente me transformaron. El dolor me enseñó a bajar el ritmo, a escuchar a mi cuerpo, a confiar en mi intuición y a valorar aquello que realmente importa.

 

Aprendí que el éxito no se mide únicamente por los logros profesionales, sino también por la paz interior, la salud, las relaciones que cultivamos y la capacidad de volver a amar, incluso después de haber sido profundamente heridos.

Hoy sigo soñando. Sigo amando la actuación, escribiendo, creando y acompañando a personas a través del coaching. Pero también sueño con una vida más cercana a la naturaleza, rodeada de animales, con un huerto, libros, silencio y tiempo para dedicarme a lo que verdaderamente tiene valor para mi.

 

Porque, al final, descubrí que no tengo que elegir entre mis sueños. Puedo construir una vida en la que todo lo que soy tenga cabida…

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